Diez años después volví al barrio, caminar por esas calles que me habían visto crecer, no era fácil.
Había jurado que nunca más iba a caminar por esa zona, ese lugar, con ese olor, me traían recuerdos que no quería recordar.
Pero
no pude evitarlo, ese día mientras conducía a mi trabajo recordé que se
cumplían 10 años de mi partida y como si hubiera perdido el control
sobre mi cuerpo, el auto se manejo solo hasta esa cuadra.
Sentí
que el tiempo se había detenido en ese lugar, todo estaba como lo
recordaba, hasta creo que el árbol ese que yo había plantado tenia la
misma cantidad de hojas que el día que me fui.
Me senté en la misma mesa y como si el tiempo no hubiera pasado, el mozo no apareció.
Me sentí rara, y recordé sin querer el día antes de mi partida.
Había
llegado a casa como todos los días, después de 14 horas peleando en el
trabajo, lo último que quería era escuchar reclamos, quería llegar a
casa, sacarme los zapatos, darme un baño y dormir.
Pero no tuve esa suerte, en vez de escuchar un hola, escuche un, tenemos que hablar.
Cada vez que oía eso era para problemas, lo sabía.
Salude, deje la cartera y el abrigo, me saque los zapatos y me senté a escuchar lo que tenían para decirme.
Siempre
el mismo reclamo, que me pasaba todo el día en el trabajo, que no tenía
tiempo para él, que no compartíamos nada y bla bla. Hasta que su tono
de voz cambio y muy seriamente me dijo, Si esto sigue así, será mejor
que me vaya, tengo otra mujer.
Esas
tres palabras bastaron para que no pudiera pensar en otra cosa, me
levante, me duche y me fui a la cama. Creo que el seguía hablándome,
pero yo no podía distinguir lo que decía, al final se dio por vencido,
se acostó, me dio un beso en la frente y se durmió.
A la mañana siguiente seguían resonando esas tres palabras, tengo otra mujer.
Cuando
llegue a la oficina, estacione el auto en el mismo lugar en que lo
había hecho durante 5 años, agarre la cartera, salí del auto, salude al
encargado de seguridad y camine rumbo al ascensor para que me
depositara en la oficina durante unas 12 o 14 horas, ese día era
extraño, viajaba sola en el ascensor, normalmente a la hora en que yo
llegaba a la oficina, viajaban conmigo unas 10 personas más o menos,
pero hoy estaba sola.
Pensé
que eso podría ser una señal, capaz ese día podía tomármelo libre,
cuando la puerta se abrió no salí, simplemente me quede y apreté el
botón para ir al subsuelo, apague el celular, saque un cigarrillo de la
cartera, que prendí en el mismo instante en que la puerta se abrió,
subí al coche y me fui. Tengo otra mujer, resonaba en mi mente como el
estribillo de la canción de verano.
Definitivamente
hoy me iba a tomar el día, el trabajo podía esperar, yo necesitaba
sentirme libre. No podía dejar de pensar en el engaño, debía procesar
lo ocurrido la noche anterior.
Maneje
sin rumbo fijo, maneje, maneje, maneje, por un lapso de por lo menos 2
horas, hasta que llegue a una estación de servicio.
Pare, necesitaba reponer cigarrillos y algo para tomar.
Con
mis provisiones en mano, y sin pensar a donde me dirigía, volví a la
auto y seguí manejando, no había autos, tenía la autopista para mi
sola, quizá podría llegar a Rosario, nunca antes había estado ahí.
Por un momento sentí culpa y pensé en encender el celular, pero no lo hice.
Rosario fue el primero de mis múltiples destinos durante esos 10 años.
Recorrí
todo el país, y hasta viaje a Europa, era como si esa mañana 10 años
atrás me hubiera liberado de toda la culpa que podía tener al dejar mis
obligaciones de lado. Creo que no quería sentirme abandonada por eso
había partido primero.
Y
ahora otra vez de regreso, sin terminar de entender por qué, quizá
habían bastado esos años para darme cuenta que debía volver y enfrentar
el problema, aceptar las culpas.
Seguían
apareciendo personas conocidas que pasaban ante mí como si fuera una
extraña, alguien que jamás hubiera visto en su vida.
Como era posible que nadie me reconociera después de tanto tiempo de ausencia?
Así estaba yo, sumida en un pensamiento extraño, hasta que lo vi entrar.
Igual que siempre, como esa postura firme, ese andar seguro.
El tiempo no le había pasado a él, hasta la ropa que llevaba creía recordar.
Nuestras
miradas se cruzaron y sentí como mi corazón palpitaba más fuerte,
imagine que me miraría con reproche, me diría donde había estado ese
tiempo, pero nada, habría acaso rehecho su vida y se había olvidado de
mí?
Se dirigió a la barra, se sentó y sin siquiera pedir nada, el barman le puso su bebida de siempre.
Yo habitué también de ese bar, por que a mi nadie me atendía.
Evidentemente la vida siguió igual pero sin mí, nadie me extrañaba.
Decidí que debía enfrentarlo yo, no podía seguir huyendo del problema, me encamine a la barra, me acerque.
Como si ahora si me hubiera reconocido giro su cara y pude ver lo que antes no había podido.
Una
lágrima rodaba por su mejilla mientras me miraba, tomo su copa, me miro
directo a los ojos y con una tristeza que jamás pude ver en su rostro,
se inclino como asintiendo, elevo su copa y de un trago se tomo el
whisky.
Con
una tranquilidad interior que no podía definir camine hasta la puerta
para irme igual como había llegado, en silencio, antes de salir gire
para volver a verlo. Y ahí la vi, en la pared opuesta a donde yo me
había sentado había un cuadro con mi foto y un texto grabado en una
placa.
Me acerque, no recordaba haberlo visto jamás.
Sentí como una lágrima rodaba por mi mejilla, y me sentí liviana, como si estuviera flotando.....
Ana tus amigos siempre te recordaremos....rezaba la placa.